jueves, 21 de abril de 2011

capítulo 1

Entre sollozos estaba acurrucada como podía en la curva que daba a las casitas de los pescadores. Había un olor apestoso a pescado, que ya deberían haber repartido por los mercados, las gaviotas estaban picoteando los últimos restos del pescado del día. Se dio cuenta de que una de ellas saboreando un pequeño trozo de tripas o algo así, la estaba observando y ni siquiera se movía, le hizo un gesto con la mano e intento sonreír, la gaviota se fue acercando, hasta el punto de poder rozarle con la mano y de repente se escabulló de entre sus dedos y echó a volar, libre. Durante unos instantes paró de llorar y pensó que le hubiese gustado ser aquella gaviota que podía escapar cuando le viniese en gana y podía volar, elevarse y formar parte del cielo, que podía ir a donde quisiera y esconderse de aquellos a los que no les guste ver, si como una paloma libre y que revolotea por todos los lados. El cielo estaba nublado, gris y tenue, el faro empezó a encenderse, señal de que era tarde, pero ella estaba perdida, su mirada hacia el frente y su mente en otro sitio. Si, su mente estaba en él, en el único que sabía que a estas horas no habría dejado de llamarla y preguntarse donde estaría, en ese chico dulzón pero a la vez con un toque atrevido, un idiota, que le había hecho pasar los peores momentos de su vida y a la vez los mejores.
De repente, como si fuera magia apareció y no les hizo falta palabras,ella se levantó y fue corriendo hacia él, pensando en gritarle unas cuántas cosas sin importarle quien le oyera o lo que estuviese pasando a su alrededor, pensaba en cómo hacerle sufrir, una única manera. Pero él se adelantó, le escruto la mirada y cuando por fin la hubo alcanzado y ella iba a empezar a liarla, la pego contra su cuerpo y la besó. Si la besó, sin importarle el mundo, ni los días, ni los segundos, sin importarle la fecha ni el año, sin lo más mínimo pasando por su mente menos ella, por fin tenía toda la atención de él. Sus labios se rozaron y él les dio un pequeño mordisco, pronto los juntaron del todo, y se perdieron los dos en ese beso tan profundo. Pero ella no se olvidaba de lo que le había hecho días antes, así que se separó y procuró de que él no notase que se había ruborizado.
-Eres idiota.
-Un idiota con suerte, vayámonos de aquí, este no es sitio para ti.
-¿y cuál se supone qué es?
-Uno en el que te pueda vigilar.
-Es eso, ¿no? Solo te interesa tenerme vigilada, te crees el centro de atención, me lo imaginé desde el primer momento en que te vi, por eso te odio tanto...
-Te quiero, ¿vale?¿Es eso lo que querías oír, sabes cuánto me cuesta decirlo y aún así no te importa?, te quiero más que a nada ni nadie Lu, te quiero.
Y lo demás no importó, se hundieron otra vez en un profundo beso que dejó sin palabras al muchacho, ya que esta vez había sido ella la que le había acercado a sus cara, ella, su ángel.
Un sonido extraño la estremeció, el despertador sonó, vaya...todo había sido un sueño. Fue a la ducha y mientras se estaba duchando pensó en ese sueño tan raro, ¿cómo iba a pensar que John la iba a querer? Había estado pensando en él desde hace tres años, se lo tenía que sacar de la cabeza en seguida y empezar con otro desde ya, aunque no creo que consiguiera a alguien mejor que él. Se arrepintió de lo que dijo, ¿cómo que no? ¡Pues claro que si!, cuando le pidió salir se rió de ella en toda la cara y dijo que era idiota por tan siquiera preguntarlo. No soporto más pensar en ello, los últimos días había estado investigando y se quedo sorprendida al ver el verdadero carácter del joven. Había fichado a uno que no estaba nada mal, pero imposible, ¡solo lo había visto una vez!Pero el tuenti hace maravillas en esos casos, se rió y se sonrojo un poco al pensar en el chico moreno de pelo corto, ya que los vio besándose con un precioso atardecer en una playa de alucine. Salió de la ducha y empezó a bailar y cantar, se sentía libre. Se miró al espejo, estaba con un aspecto deprimente, pero ¿quién la iba  ver? Maldijo sus palabras al ver que justo en ese momento pegaron en el timbre.

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